Las conjuraciones se sucedieron durante semanas. ‘La Bruja la mató.’ ‘No, la Bruja la envenenó, la hizo bailar desnuda con Satán y después la mató.’ ‘Imposible, la Bruja se reencarnó en la muchacha para robarle la juventud que necesita para vivir eternamente y después abandonó su cuerpo sin vida en el bosque.’
Los más realistas, que conocieron la desgraciada vida de la muchacha, se preguntaron si tal vez habría quedado encinta y al tratar de rechazar el regalo del Señor acudiendo a las malas artes de una curandera de poca monta, habría perdido la vida en el intento, como una especie de respuesta divina.
Solo algunas de ellas, que de día escuchaban las grotescas y crueles historias con gestos de aprobación ante los vecinos, rezaban de noche por la mujer, y tal vez, por el bebé que pudo llevar en su vientre, con el dolor de sentir que aquella mujer no era tan distinta a todas las demás, con la angustia con la que una fiel renuncia a su fe durante un instante para agradecer el descanso que la vieja le concedió a una pobre madre atormentada antes de morir.
Y otras, muy pocas, las que nunca aceptaron el infierno al que, como aquella infeliz, muchas mujeres habían sido condenadas, maldecían a los carroñeros del pueblo por alimentar la conjura contra cualquiera de ellas que mostrara un atisbo de rebeldía, y se sorprendían a sí mismas perdiendo la vista en el camino que llevaba al bosque, preguntándose si tan alto era el precio que le habían asignado a la libertad.'
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