Dentro.
Quédate donde te de la luz de la hoguera, que siempre sabes leer entre estrellas fugaces, los deseos del jardín de las delicias. Hay cielos que nunca anochecen.
Cerca.
Compadezco a quien no entiende los desastres y los pecados capitales. El caos que desata una piel pidiendo socorro a otra piel. La luna se tapa los ojos ante los desajustes de los nuestros esta noche. Hay mejillas que nunca se sonrojan.
Quién.
En mis ritos sagrados solemos cambiar agua bendita por sudor, y el altar a la altura de la cintura. Qué bien cantan esos compases, sin nadie que los escuche. Hay mares que nunca duermen.
Agua.
Caminar descalza es caminar desnuda para quien entiende la necesidad de desprenderse. Me rindo ante cualquiera que me traiga la marea alta del mar. Recuerdo las noches a medias, y suelo inventarme el resto. Hay soles que nunca se ponen.
Volar.
Me sobra el orgullo, porque le bajo la luna a los que me saquen luz de la mirada. Si no pido perdón, no exijo perdones. Quien olvida muere, y yo moriré a rebosar de vida. Hay besos que nunca despiertan.
Si tengo que elegir hoguera, que me quemen en su boca. Hay noches que no cabría ni en el mundo entero, hay noches que podría caber en una de sus manos.
*Suspiro*
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