Mujeres que solas, sobrevivían, que sin hombres, sonreían y que sin descendencia, formaban manadas. Que caminaban sin miedo y sin pudor, y que se protegían con las artes que hicieran falta. Y que cierto es eso de que el hombre tiene miedo de la mujer sin miedo.
Aquellos hombres que hablaban de las brujas, eran los que, después de inventar relatos de terror, fingían reírse y jactarse cuando hacían alusión al uso que le daban a la escoba para “volar”. Pero no se reían. Mientras ellos recurrían a la fuerza o al dinero tantas veces para saciar sus deseos de carne con las mujeres, algunas de ellas preferían el palo de una escoba a la verga de cualquier hombre. En el interior de todos ellos nunca sonó como un chiste. Era su mayor vergüenza. Es su mayor trauma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario