El mundo ha cambiado
Han mathon ne nen
Lo siento en el agua
Han mathon ne chae
Lo siento en la tierra
A han noston ned ´wilith
Lo huelo en el aire”
Se oyen los rugidos. Se avecina la era del poder incuestionable, de la lealtad inquebrantable, de la ciega rendición de honor a deidades a sí mismas proclamadas. La cadencia de las dinastías de amos próvidos que desempolvan las cadenas. Se acaban las enseñanzas con mentiras y comienzan las doctrinas a latigazos. Se resucitan las soberbias putrefactas que imponen el terror para acometer su voluntad. Se condenan los destinos de los pueblos al hambre, a la enfermedad y al miedo. Se tambalean los tronos de los hijos del Sol, y han desatado un ejército de leones. Las bestias nos recuerdan que nuestra única identidad es la del esclavo.
¿Quién osa arrebatar la libertad innata a las raíces del Imperio? ¿Quién vendó los ojos a Justicia y la encarceló en los Cielos para alejarla de los llantos?
Los Dioses no nos ven y no nos oyen; creen que pueden fingir que nos han olvidado. Y yo os digo: les obligaremos a mirar.
Sin leche para los cachorros, las lobas aúllan más fuerte, y las hordas de cuervos ocultan el Sol al volar. Que cuando el hambre no abandona, la piedad no es ley. Las lágrimas de la Luna son los regueros de sangre de sus hijos. Quien vive en las cloacas no teme al infierno. Resistid, nuestros tambores harán temblar los Cielos. Ni cadenas, ni migajas, el honor no lo sostiene un escudo, la obediencia no es lealtad, la dignidad no es el precio de la libertad. Invocamos a los pueblos golpeados que no toleran el yugo.
Dicen que nada los detiene, mas aquí todas las manadas esperan a que lleguen: tenemos cavada hasta la última de sus tumbas.