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Y así cuentan.

Si cerraba los ojos, llovía hacía el cielo.

Y así cuentan que crecía, y si nadie lo creía por no ver aparecer hojas en las ramas desnudas, era porque no podían sentir temblar la tierra cuando las raíces se hundían más y más en aquellos lodos.

Y cómo un árbol milenario, ahora es la Cabeza que piensa fría, son los Brazos que protegen, los Pies firmes que no retroceden, los Ojos que controlan todo, la Boca que calla y mide las palabras, el Corazón que se cierra y se vuelve piedra. Por cada decisión de paz y redención, mudaba un rizo de rebeldía por una cana prematura.

Y así cuentan que vivía. Los que no saben dónde se esconde, la buscan usando culpas de cebo, y van sembrando dudas allí por donde fue feliz. Los que sí lo saben, la recuerdan cuando llueve, porque ella era lo húmedo, lo frío, lo impasible y lo silencioso, y guardan con lástima y respeto una caja con algunas de las ondas de su pelo. No hay por qués para conocer la verdad o desmentir las mentiras. No queda interés para buscarla.

Y así envejeció: ya nada escapa a su control, y cuida todo porque nada la descuide a ella. La Bruja es más bruja por sabia que por perversa. Si cerraba los ojos, llovía hacia el cielo. Y yo la había visto ocultar el sol con un solo dedo.
 

Viva y coleando.

'No había motivos, ni orgullos, ni razones.

Desapareció la inocencia, la verdad, la concordia, la calma, la paz interior, la locura transitoria. Y dejó de hacer lo que le tocaba, y vio pasar una vida que no reconocía. La batalla de los sinceros, y la victoria de los miedosos. Esperando las gracias de alguien que la viera llorar.

Se cerraron los ojos de la muñeca. Y cayó a la cloaca, donde solo respirar ya era un reto. Y allí entre el vinagre, la humedad fría y la sal en las pupilas, entre el mal olor y el cieno, encontró su sitio. El escondite perfecto: allí los monstruos eran sus esbirros, y la cuidaron y la acunaron y la durmieron. Dormir, hibernar, o morir, no había diferencia. No había motivos, ni orgullos, ni razones para despertar.

Pero los monstruos se aburrían. Y siempre decidieron por ella, así que cantaron furia y discordia. Ella era furia y discordia. No recordaba lo que era oír ‘gracias’. La batalla de los mentirosos, y la victoria de los culpables. Y asistió el mismo día a su funeral y a su bautizo.

Nacer nunca fue tan desesperanzador. Pues él único motivo, el único orgullo y la única razón para despertar fue que no había motivos, ni orgullos, ni razones para dormir.'